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El santuario olvidado del lago

Recorren miles de kilómetros desde Canadá hasta la ribera michoacana del lago de Chapala, donde viven durante el invierno, buscando las cálidas aguas del embalse más grande de México. Son los pelícanos borregones (Pelecanus erythrorhynchos), quienes enfrentan condiciones difíciles de sobreviviencia, al reducirse el nivel de agua del vaso lacustre y con ello, sufren por la escasez de peces.

En un espectáculo natural único en el occidente del país, alrededor de dos mil pelícanos borregones (llamados así por su plumaje blanco) llegan a fines de noviembre a Petatán, municipio de Cojumatlán, un pequeño poblado, vecino de Tizapán el Alto, Jalisco, donde permanecen hasta fines de marzo.

Los cerca de dos mil pelícanos, según cálculos del gobierno de Michoacán, conviven con cien pescadores de las comunidades de Petatán, La Palma, Palo Alto, El Callejón y Cojumatlán. Son los propios pescadores quienes se han dado a la tarea de alimentar y proteger a las aves migratorias, ante la apatía de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) y la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), quienes ni siquiera conocen de la existencia de esta comunidad animal, según explicó el director del Instituto de Limnología de la Universidad de Guadalajara (UdeG), Manuel Guzmán Arroyo.

A las autoridades no les interesa venir aquí, además se ensuciarían los zapatos, se asolearían y eso va contra sus reglamentos internos, subrayó con ironía el investigador.

En un recorrido organizado por la Fundación Cuenca Lerma Chapala-Santiago, AC, que preside el empresario Manuel Villagómez Rodríguez, se pudo observar ayer el momento en que mujeres trabajadoras de una pescadería asentada en Petatán, alimentaban con una tonelada de desechos de pescado a los pelícanos, quienes en vistosos movimientos, vuelan en derredor del alimento, se forman en filas conforme van llegando y nunca se pelean por ganarle a sus compañeros.

Se mueven en grupos familiares de siete a quince individuos, son aves que tienen un cierto grado de organización social. Cuando comen, son muy ordenados, no se pelean, es un ave que se asocia a otras aves: aquí vemos gaviotas, patos y perros de agua [aves], señaló el académico.




El gobierno federal suscribió un tratado con Estados Unidos y Canadá para proteger a las aves migratorias. Por esa razón, la Semarnat y la Profepa tienen la obligación de conservar el hábitat de los pelícanos borregones, esto es, preservar el lago de Chapala y vigilar que los peces no estén contaminados con agroquímicos, pues de ahí se alimentan las aves canadienses y se mantienen 100 familias de pescadores.

El director del Instituto de Limnología relató que hizo una visita al lugar con investigadores del Instituto Nacional de Ecología (INE), quienes se interesaron en promover un proyecto de ecoturismo, sobre todo ante la crisis que viven los pescadores, quienes así tendrían una alternativa de manutención. El tiempo pasó y las autoridades federales nunca dieron una respuesta sobre el tema.

Jesús Zamarripa, un pescador de La Palma, llegó junto con su hijo a las 5:30 am para capturar 45 kilos de carpa, ancas de rana y otras especies, los cuales vendió en Petatán, el centro de comercialización de pescado más importante de la ribera.

Don Jesús siempre deja desechos que arroja a los pelícanos. Antes comían solos, pero ahora necesitan que los alimenten, indicó. El absurdo, precisó Guzmán, es que ninguna autoridad se aparece por el lugar para preservar el sitio, pero eso sí, inspectores de pesca visitaron la zona hace algunos días, para prohibir que los lugareños alimenten dos o tres veces al día a las aves migratorias, pues no deben comer diariamente.

La realidad es que al consumir los desechos, los pelícanos evitan un problema a los pescadores, quienes de otra forma, tendrían que incinerar lo que queda de los filetes, generando fétidos olores.

Para llegar a Petatán -que antes fue una isla-, desde Guadalajara, se toma la carretera a Morelia, rumbo a Jocotepec y se sigue en línea recta pasando por Tuxcueca, Tizapán el Alto y al franquear los límites con Michoacán, se arriba al santuario de los pelícanos borregones, que emigran a fines de este mes.

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Cientos de pelícanos de plumaje blanco vuelan a las orillas del lago de Chapala, en el municipio de Cojumatlán, Michoacán. El investigador de la UdeG, Manuel Guzmán Arroyo plantea que en el lugar pudiera promoverse un proyecto ecoturístico, en beneficio de los pescadores del lugar. Foto: Público

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